IA en salud peruana: Regular el futuro sin saber usarlo




El laberinto de la regulación y la realidad en las aulas

Como administrador en el sector salud y apasionado de la tecnología, sigo de cerca las noticias sobre el avance de la inteligencia artificial. Recientemente, el panorama internacional y local se ha movido con fuerza. Por un lado, vemos al sector privado peruano participando en la APEC Digital Week en China, planteando la necesidad de actualizar los marcos regulatorios para la IA. Por el otro, Europa activa sus primeras restricciones severas sobre esta tecnología, y gigantes como Google dan marcha atrás retirando herramientas de IA generativa apenas un día después de lanzarlas. Todo va muy rápido. Demasiado rápido, quizás.

Sin embargo, en medio de este torbellino de leyes, tratados y algoritmos sofisticados, una declaración del especialista Alejandro Piscitelli me dejó pensando: "Menos del 1% de la población usa la IA para amplificar la inteligencia". Esta frase es un cable a tierra doloroso pero necesario. Nos pasamos el tiempo discutiendo cómo normar una tecnología que la gran mayoría de nuestros profesionales y estudiantes aún utiliza únicamente para redactar correos o resumir textos simples. En el Perú, esta brecha es un abismo que debemos cerrar con urgencia.

¿Qué significa esto para la gestión de la salud pública?

En mi experiencia en la gestión de servicios de salud, observo que la tentación de la "solución mágica" siempre está latente. Queremos implementar algoritmos de triaje automatizado o sistemas de diagnóstico por imágenes basados en IA en hospitales que a veces no cuentan con una conexión a internet estable o donde las historias clínicas continúan acumulándose en estantes de metal.

El caso de Colombia, que hoy busca rutas claras para incorporar tecnologías de alto valor en salud pública, nos demuestra que el desafío es latinoamericano. No se trata de comprar el software más caro o de firmar convenios rimbombantes. El verdadero reto administrativo es la integración sostenible. Si no preparamos los procesos internos y, sobre todo, si no capacitamos al talento humano para que entienda el "por qué" y el "cómo" de estas herramientas, cualquier intento de transformación digital terminará en el abandono, tal como el experimento fallido de Google Earth.

La verdadera transformación digital en la salud no consiste en reemplazar al médico o al gestor con un algoritmo, sino en capacitar a ese profesional para que use la tecnología como un copiloto que salve vidas.

Reflexión Docente: Preparar a los líderes del mañana

Este escenario plantea una pregunta incómoda para quienes nos preparamos para la docencia universitaria bajo el enfoque de la educación 4.0: ¿cómo estamos enseñando a usar la IA en las facultades de ciencias de la salud y administración?

Si seguimos evaluando con monografías que se pueden resolver con un simple comando de ChatGPT, estamos perdiendo la batalla. La IA debe ser el punto de partida, no el destino final del aprendizaje. En mis sesiones de aprendizaje, busco que los futuros gestores utilicen estas herramientas para:

  • Analizar grandes volúmenes de datos de salud: Interpretar indicadores de gestión hospitalaria y tasas de ocupación de camas para tomar decisiones en tiempo real.
  • Desarrollar el pensamiento crítico: Cuestionar los sesgos de los algoritmos. Si una IA sugiere un tratamiento, el gestor debe saber evaluar si ese resultado es aplicable a la realidad epidemiológica de nuestra región.
  • Diseñar soluciones viables: Crear flujos de atención eficientes que disminuyan las colas en el SIS, usando la tecnología como un soporte y no como un obstáculo burocrático.

No podemos darnos el lujo de formar profesionales que pertenezcan a ese porcentaje pasivo que solo ve pasar la tecnología. Necesitamos creadores, críticos y gestores capaces de liderar la transformación digital desde la empatía y la eficiencia.

La regulación es necesaria, por supuesto, especialmente para proteger la privacidad de los datos de los pacientes. Pero si la ley avanza más rápido que la educación de nuestra gente, terminaremos con un marco legal impecable para una tecnología que nadie sabe usar con impacto social. Necesitamos democratizar el conocimiento práctico antes de que las prohibiciones nos dejen fuera del juego.

Me gustaría conocer tu opinión: en tu institución o centro de trabajo, ¿se fomenta el uso de la IA para resolver problemas reales o todavía se mira con desconfianza? ¡Déjame tus comentarios y abramos el debate!

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